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9 mayo, 2018 - No Comments!

Se parece tanto al amor | Be kind, rewind

Quizá la culpa de todo la tienen nuestros padres. Me refiero a esa angustia que tenemos ahora, adultos y medio autosuficientes, cuando la infelicidad se nos aparece en pequeñas dosis. O de pronto como una cubetada de agua caliente que deja una ampolla que reventamos, frotamos y rascamos hasta dejar una cicatriz indeleble. “Mira, esta infelicidad me acompaña desde hace meses”, le compartimos a un amigo cuando por fin podemos tomarnos una cerveza lejos del caldo hirviendo que nos cayó sin previo aviso. Digo que tal vez es culpa de los padres, porque ellos se esfuerzan tanto en construir esta mentira alrededor nuestro, sólo para después abrirnos la puerta y tranquilizarse la conciencia al decir “llévate un suéter”, como si eso fuera suficiente si llueven cántaros de humillaciones, o si nos estrellamos contra un camión de ruta que no frenó cuando le pedimos la parada. No sé por qué, pero preferimos siempre la imagen de los progenitores o tutores esponjosos, que todo lo perfuman con mantequilla, canela y azúcar, para que el hedor de la mierda de la suela de nuestros zapatos no nos llegue. Y no es que sean malvados, es que también son cómodos. De alguna manera parece más sencillo taparle los ojos a la bendición o montar un teatro tamaño Goodbye, Lenin! con tal de no tartamudear ante las preguntas difíciles, esas que todavía no nos podemos responder solitos porque mamá nos dijo que un matrimonio gay “no es natural”.

Entonces, aquí estamos, culpando a los que vinieron antes y decidieron no explicarnos que la vida es un fracaso tras otro hasta que empiezas a desear que Flanders se muera. Sin embargo, el ser humano es una plaga que se niega a desaparecer así nomás. Yo creo que es mera inercia, la maldita entropía dándole a todo lo que puede, pero en el fondo me he descubierto abrumada por oleadas de helado optimismo, de ese que te obliga a moverte hacia adelante entre risas incómodas y un ligero calor en la espina dorsal. Hay momentos buenos y malos, incluso cuando todo parece estar nadando entre ríos de mierda. O en botes colmados de ácido.

Desde lo más insignificante hasta lo más devastador, todos hemos tenido oportunidad de estar dentro, junto, lejos, pero siempre presentes en lo bueno que resalta en todo lo horrible que nos va desgastando. Y es que cuando llegas a la edad en que no es necesario que te expliquen todas las referencias de Los Simpsons —sólo quiero decir que ya eres adulto, no que conoces todos los intertextos. Ni siquiera tu amigo el mamón se las sabe todas, que no chingue— aprendes que no se trata de ser feliz todo el tiempo, sino sólo menos miserable. Así que agradeces lo simple que te da un respiro. A lo más pequeño que te regaló una sonrisa que no se te borró en 12 horas, o hasta que viste las noticias. Olvídense de los restaurantes caros, los viajes exóticos, los tenis importados, las medallas ganadas, la mezquina victoria sobre el CM de una cuenta de atención al que no podrías valerle más verga.

No existe la felicidad perfecta, ¿cierto?: ni en lo romántico, ni en lo filial, ni con las mascotas, ni con el trabajo. La diversión no dura por siempre, y hay que aprender a acostumbrar la vista al nuevo ambiente. Como cuando entras a tu casa después de unas horas bajo el sol de mayo, hijodesuputamadre, y no ves nada porque tus pupilas deben adaptarse poco a poco. Todos quieren al nuevo bebé, hasta que aprende el poder de sus pulmones y mantiene despiertos a todos los no-sordos, cinco kilómetros a la redonda.

Y aquí es donde viene la confesión que quería hacer. He encontrado un ritual brevísimo que me ayuda a no tomar un bat y romper la ventana más cercana: le doy al botón de rewind de mi cabeza, me pongo a buscar un pequeño gesto y lo reproduzco para sentir de nuevo el agua helada que hace que me mueva.

Cuando Marco maúlla en la madrugada, recuerdo los domingos de arrumacos con él y Polo, echados en la cama mientras yo leo, veo una película o duermo junto a ellos como si nada horrible pudiera pasarnos.

Cuando el 640 está atascado y va a 10 kilómetros por hora mientras la temperatura en el interior es de 50 grados centígrados, reproduzco todas las ocasiones en que pude viajar con la mirada perdida en el paisaje, audífonos bien abrazados a mis oídos, sin imaginar mi muerte violenta bajo las llantas del camión que se me echa encima cuando voy en la bicicleta.

Cuando escucho los gritos de mi vecina que interrumpen el silencio que por fin llegó (Marquito ya no maúlla, está jugando con una bola de lana), agradezco que haya estado conmigo cuando apareció un alacrán marca diablo y me ayudara a matarlo entre gritos de señora y brinquitos de pulga.

Cuando voy a una marcha a gritar consignas de hartazgo, y el camino es una línea recta de asfalto ardiendo que parece no tener fin, me recargo de energía al encontrarme a una ex compañera de la universidad, a una de las mejores jefas —y personas— que conozco, o un grupo de músicos que llevaron sus instrumentos para acompañar más fuerte; familias completas, con niños y adultos mayores que también saben que el recorrido no es sencillo.

Y si en el trabajo no funcionan las cosas y la moral está baja, me vuelvo a contar las historias que me gusta contarme:

cuando Tito me regaló un paquetito de galletas de queso porque le dije que eran las que me compraba mi mamá cuando era niña;

cuando Yuca me topó en una tocada y al ver que mi tatuaje le daba nombre a la banda en el escenario me dijo que era como estar en un concierto de The Rolling Stones y encontrarse a Bob Dylan entre el público;

cualquier momento en que cualquiera de nosotras, las chicas, nos echamos porras en el chat;

cuando Aline encontró en cuestión de segundos el perfil de una persona que apareció en un chisme y queríamos ponerle cara al protagonista;

cuando David me mandó el primer mensaje matutino para que no olvidara el casco antes de ir en bici a la oficina;

cuando Joel me dio una botella de ginebra en Navidad;

cuando Gus me dio un abrazo en el Oso Negro…

De ese estilo, tengo algunos más a la mano que otros, pero siempre aparecen en grupo. Y hasta ahora, son infalibles.

No sé si este juego de rebobinar sea a prueba del tiempo o de cualquier circunstancia. Al fin y al cabo, las cintas magnéticas se rompen, los recuerdos cambian de significado y, vaya, el tiempo lo destruye todo; además, dentro de lo que cabe, mis problemas no son los de otra gente que tiene que agarrarse de más asideros para no caerse.

Pero mientras funcione, lo seguiré aplicando porque nuestros padres no nos enseñaron otra cosa y creo que a veces no sé cómo dar otro paso si insisten en salpicarnos de ácido. Me gusta pensar que —así como lo han hecho mis compañeros de YuJo!, mi papá y mis carnales, mis amigos, algunos extraños y los gatitos que me encuentro en la calle—, quizá, le puedo dar un pequeño salvavidas a otros que tengo cerca o que tienen que toparse conmigo en el camino.

Si podemos evitar ir por la vida rompiendo ventanas, hagámoslo. (Aunque todos sabemos que hay un límite y ese se cruza con bat en mano).

Sean amables, rebobinen.

Abril Ambriz Posas

IG: @ladyprovolone

Twitter: @ladyprovolone

2 mayo, 2018 - No Comments!

Stay chido! | Una serie de encuentros afortunados

Venía de desayunar un domingo cualquiera. Traía conmigo la fruta, carne y verduras de la semana. Ale no estaba conmigo, pues se había ido de viaje, así que caminaba solo y quedaban pocas cuadras para llegar a mi casa. Pensaba en aquellos pendientes que aún debía terminar cuando, al cruzar la calle, pude percatarme que un par de señores llevaban cargando una cobija a manera de camilla, con algo de esfuerzo. Atrás de ellos, había una señora afligida y triste.

Aún me quedaban lejos, no podía distinguir muy bien, pero me apené, sentí un poco de miedo y pensé en cambiarme de acera. Pero seguí caminando, pretendiendo que no pasaba nada, aunque a cada paso mis sentimientos se agudizaban. Entonces vi que subieron el bulto a la parte trasera de un coche, y alcancé a ver que era un perro. Casi de inmediato escuché a un niño llorar que estaba recargado en el cancel de su casa, abrazando un osito. Atrás de él había algunos familiares a la puerta, todos con el mismo rostro.

Sólo el niño lloraba y puedo asegurar que nadie se dio cuenta de que pasé caminando: todos miraban fijamente la escena que describo.

Apenas me alejé lo suficiente, empecé a llorar. Recordé lo culero que es ese momento en que deja de existir alguien a quien amas, momento que muchos evitamos, otros odian u olvidan, incluso lo borran, pero que eventualmente nos toca enfrentar.  Que a veces preferimos simplemente no mantener vivos.

Sentí muchas ganas de abrazar a aquel niño, sabía que lo necesitaba, tal y como yo lo necesité cuando vi morir a mis perros. Primero fue Candy —una collie—, y el último Tinitus un schnauzer—, ambos considerados como integrantes de la familia. En realidad no había mucha diferencia con nosotros: comían, jugaban y dormían dentro de la casa, y convivimos durante mucho tiempo. Hace unos años, y por estas fechas, me tocó mi propia escena, únicamente con Tinitus. Después de que enfermara sorpresivamente lo tuvimos que dormir. Por fortuna, pude despedirme, estar con él justo antes de que se fuera y agradecer aquellos momentos chidos, e incluso las mordidas.

Esta nota, o entrada del blog como le llamamos acá en YuJo!, no intenta que ustedes se pongan tristes. Es más: no es una nota triste. Se trata de lo inexplicable que me pareció que, justo ese domingo, a esa hora en la que habitualmente no estoy fuera de mi casa, me encontrara con aquel cuadro que me recordó a mis perros, lo mucho que los quise y cuánto los extraño. Lloré al pensar en ellos, por querer que ese niño se sintiera mejor y sobre todo por lo chido que es estar en compañía de seres queridos, amigos, pareja y familia en general, en esos momentos en los que creemos que estar solos es lo mejor, cuando sabemos que acompañados es siempre la mejor vía para aceptar, entender, superar y atesorar esos encuentros afortunados.

<3

Tito

IG: @titorama

25 abril, 2018 - No Comments!

Somos Buenas Ondas | No vaya ser que por error te diviertas en el proceso

Para estar serio no necesitas mover ni un sólo músculo de la cara. En cambio, para sonreír se necesitan (dependiendo de la persona) alrededor de doce. Probablemente por eso, en la mayoría de los procesos que vivimos todos los días, nos evitan a toda costa tener que fastidiosamente mover esos músculos.

Freaks And Geeks Smile GIF - Find & Share on GIPHY

Y aún así, me he encontrado con diferentes lugares o productos que, con un poco de esfuerzo, nos hacen pasar un rato memorable, divertido y que hacen de este mundo lleno de cosas horribles, un lugar un poco mejor.

Aquí algunos ejemplos:

 

El frutero de Loma Bonita

Es el clásico que maneja su pick-up destartalada con bocinas. Recuerdo perfecto un diálogo entre el frutero (del que no recuerdo su nombre) y mi abuela (de la que todo el tiempo me acuerdo):

Mi Abuela - ¿Tiene naranjas?

Frutero - Sí, señora, ¿pero sabe qué? *pausa dramática*… están demasiado frescas y jugosas, ¿no le hace?

Mi abuela - jiji n_n Deme 30 kilos.


El Carnalito

Un restaurante en la carretera entre Atlacomulco y Toluca, con mal gusto en la decoración, pero excelente en la elección de becerros y sus ingredientes. Se dirigen a ti siempre como “carnalito" o “carnalita ”, no importa si tienes 60, 30 o 20, pinta de directivo, hipster o ama de casa.  Además cumplen con lo más importante: una barbacoa digna del matrimonio de cualquier tlatoani. Que te digan carnalito tantas veces hace que no se te olvide nunca donde estás.

 

HOLA Smoothie

En los ingredientes dice: "Sin conservadores ni cosas raras".

 

Starbucks

¡Eh! ¡Tranquilos! 

Pero que pongan tu nombre y una carita feliz a tu bebida, que siempre tengan wi-fi, salas de juntas, y mobiliario padre, ha hecho de Starbucks las primeras oficinas, sucursales y centros de negocios de tantas empresas (incluido YuJo! en sus inicios y versión remota). Quizá por eso ya no nos cuestionamos cómo pasamos de pagar 20 pesos de café con refill, a 60 por una sola taza.

 

Disney

No sé si los sueldos son enormes, si les dan Prozac o cigarros de los que dan risa, pero me impresionó como siempre están buscando como hacerte tu momento especial, no importa si llevan 3 horas sellando boletos de entrada a 40ºC o dentro de una botarga.

 

Basecamp

Cuidaron tanto cada texto de cada proceso y cada notificación que hasta te dan ganas de invitarlo a la posada. 

Ya sabes que es un programa, ya sabes que es trabajo, pero que celebre contigo cuando terminaste una tarea, me parece bastante buena onda.

 

Virgin Airlines, e incluso Volaris

Si Volaris no se hubiera esperado a que les saliera bigote a los protagonistas de su video de seguridad, sería un buen ejemplo para hablar de cómo ese momento tan repetitivo y soso que es el speech de seguridad puede convertirse en algo incluso entretenido.

Virgin Airlines, tiene varios ejemplos muy chidos, aquí les dejo uno viejito, pero bonito.

 

El conmutador de YuJo!

Claro, es nuestro, obvio hay mano negra.

Pero si ya decidiste marcar 0 1 8 0 0 4 0 0 9 8 5 6, si ya te contestará una máquina,  por lo menos que te robe una sonrisa. Les pongo una frase por si su plan de celular no les permite marcar números 01800:

“Gracias por llamar a YuJo! Creatividad Aplicada, si conoces el número de extensión márcalo ahora. Si no, espera en la línea y te contestaremos antes de que puedas decir Estoy llamando a YuJo! Creatividad Aplicada”

 

Y finalmente, el campeón

SpaceX

Cuando querían calcular qué tanto peso puede llevar un cohete, usaban bloques de concreto o de metal.¿Sabían eso? Claro que no, porque a nadie le interesa.

Cuando The Boring Company de Elon Musk entró al juego de la conquista espacial con SpaceX, decidieron que estaba DLV mandar bloques de concreto, entonces enviaron:

  • Un tesla
  • Con un hombre espacial (dummy, creemos o queremos creer)
  • Con “Space Oddity” de fondo
  • Un letrero: “Made on Earth by humans”

¿Y qué dijo Musk sobre el proyecto?

“Of course, anything boring is terrible, especially companies, so we decided to send something unusual, something that made us feel”. 

Estamos expuestos ante tantos mensajes, tantos productos, tantas personas, que lo realmente arriesgado es no hacer nada diferente.

 

Yuca Ávila

Twitter: @yucaavila

Instagram: @yucaavila

 

17 abril, 2018 - No Comments!

Instantáneas | Una nueva generación de liderazgo

Cuando el 2017 terminaba, le conté al equipo de YuJo! que uno de mis propósitos para este año era compartir la dirección con Tito y con Abril.

Por un lado, conforme hemos crecido en clientes y equipo, hay más frentes que cubrir. Por otro, se acerca el día en el que cumpliré diez años trabajando en YuJo! tiempo completo. Finalmente, tanto Yuca como yo tenemos la fortuna de contar con compañeros de trabajo que han sabido estar con nosotros en las buenas y en las malas. Personas que conocen la idea original con la que empezamos, que pueden imaginarse exactamente qué haríamos en cualquier situación, y que comparten la visión de YuJo! creciendo a otros campos de la actividad económica, en los que las ideas sean el detonador de procesos productivos sin importar los medios, las salidas ni los tiempos que corran.

De entre todos los que conformamos hoy el equipo, Tito es la persona con la que más tiempo tenemos construyendo esta organización. Los más antiguos lo saben de primera mano porque lo vivieron, y los más nuevos porque lo han escuchado: en la relación con Tito, no todo ha sido sencillo.

Pero precisamente tener diferencias y superarlas es lo que permite que hoy el respeto, la confianza y el agradecimiento que sentimos por él sea incuestionable. Cualquiera que haya trabajado a su lado podría platicarles de su gran talento y calidad humana.

Allá en el 2010, cuando empezábamos a trabajar como una empresa formal, tanto a Tito como a todas las demás personas que fuimos invitando a formar parte de nuestro equipo, les planteamos un plan de crecimiento a 5 años tiempo que entonces nos parecía tan lejano que nadie estaba seguro que llegaría.

Él ha completado ese ciclo, y por todas las razones que he compartido, este año lo hemos invitado a transitar de ser el primer colaborador que tuvo YuJo! a ser el primer asociado que tendrá.

Tal como el resto de los movimientos que hemos hecho, y justo como el crecimiento que hemos experimentado, que Tito pase de ser un miembro más del equipo a una parte fundamental de la organización se siente natural. Para Tito es justo y para YuJo! es necesario.

En aquellos primeros años cualquier error en la gestión de un proyecto, cualquier equivocación en el manejo de una cuenta, cualquier descuido financiero hubieran podido borrarnos del mapa.

Conforme han pasado los años y nuestra estructura se ha fortalecido, las amenazas que vemos en el horizonte han cambiado de forma. Hoy no me preocupa que YuJo! deje de existir. Hoy me da miedo que YuJo! siga existiendo sin evolucionar.

He visto otras agencias envejecer sin gracia y volverse irrelevantes. He visto cómo el miedo a soltar las riendas y la resistencia a compartir lo que entre muchos se ha construido, ha acabado con equipos legendarios.

Por estas razones, si algo quisiéramos hacer correctamente Yuca y yo en los próximos años, sería establecer una siguiente generación de liderazgo.

Nuestra formación de comunicadores significa muchas limitaciones en el quehacer del gobierno corporativo, y para decirlo de forma sencilla: no tenemos puta idea de cómo lograrlo. Pero regresando por última vez a los colegas que vimos anquilosarse en sus sillas de respaldo alto, sí sabemos a qué cosas no aferrarnos.

El paso de Tito hacia una posición de mayor responsabilidad, pero también de mayores beneficios, es el primero en un camino que nos llevará un par de años dibujar. Confiamos en que, sobre la marcha, los tres juntos iremos entendiendo qué es lo que más nos conviene a todos.

En junio partimos hacia ese nuevo destino, nos vemos del otro lado.

YuJoTito!

Joel Gutiérrez

Twitter: @thewowisnow

Instagram: thewowisnow

21 marzo, 2018 - No Comments!

Ya Cómete La Maldita Naranja | Rookie

Vamos al grano: llevo casi tres meses aquí. Por lo tanto, sigo siendo un novato.

Se me ha ido rápido, todo va bien y al 100, y he notado varias cosas muy peculiares de la zona. También son las que más me han gustado y he apropiado.

Así que, ¡venga la infografía!

Elías Ruvalcaba

Instagram: @elias_mule

24 enero, 2018 - No Comments!

Mirador | Si siguen aquí…

2017 fue un año increíble.

Personalmente, cumplí objetivos de los que me siento muy contento. Terminé un par de medios maratones que pensé que llegarían mucho tiempo después. En Cash ‘n’ Goal , un proyecto de YouTube que hago con mi hermano de otra madre, conseguimos nuestro primer patrocinador. Me independicé. Viajé a Nueva York para proponerle matrimonio a la mujer más maravillosa que conozco. Y me dijo que sí.

El año pasado llegué a YuJo! y me encontré con compañeros muy profesionales y talentosos, que también son personas muy divertidas y que, conforme pasa el tiempo, se han convertido en mi familia.

En los nueve meses que llevo acá han pasado cosas muy chidas. Una de las mejores es que, haciendo, aprendo algunas cosas sobre el mundo de la creatividad, aunque conste que me faltan muchísimas todavía.

Por ejemplo, en septiembre Joel, Abril y yo fuimos a Querétaro a trabajar y aprovechamos para conocer Peña de Bernal. Luego viajé a Metepec, Puebla, porque un cliente tenía un evento, y casi cuando se terminaba el año fui a una expo del mismo cliente con Rocío, Aline y Yuca.

Sofi alumbró el camino y descubrió que hay vida más allá de ser Community Manager. Gran descubrimiento de su parte.

En YuJo! no todo ha sido trabajo, también me he divertido un montón. Con Andy Salvaje he intercambiado balazos de Nerf artesanales, que al final del año se convirtieron en disparos de gotcha a sangre fría. En esa ocasión, la ganas de no perder, hicieron que casi mate a Elías.

Desde abril empezaron mis lecciones de futbolito, y la verdad es que he tenido grandes maestros y compañeros de equipo, como Tito con su diagonal; Gush con su intimidación al rival; Jaz con su reguilete, y Andrea atajando de todas, todas. También Jacob y yo nos privamos de la risa de un memeringo francamente malísimo.

Este año también nació el Combo Davis, que Yuca y Joel se encargaron de popularizar. Abril me enseñó qué tan importante, e ignorada, es la coma vocativa, y Jesica casi me descubre comprando su regalo del intercambio.

Como dije al principio, 2017 fue un año increíble, y este que comienza me gustaría que fuera muy parecido. Por eso, a Jacob, a Gush, a Tito, a Abril, a Sofía, a Andrea, a Jesica, a Jaz, a Rocío, a Aline, a Andy, a Yuca, a Joel y a Elías les propongo que si siguen aquí como han estado, yo seguiré aquí para divertirnos y hacer que esto crezca.

David Moreno

Twitter: @dmorenoc_

Instagram: @dmorenoc_

17 enero, 2018 - No Comments!

Japi | Good life

Estamos rodeados de momentos y personas que aportan grandes cosas a nuestra vida (más de lo que creemos). Pero muchas veces nos olvidamos de tener una buena vida y nos dejamos llevar por nuestros pensamientos enfocados en el pasado o en el futuro. O simplemente dejamos de hacer y tener lo que realmente nos hace felices.

La buena vida se construye con la calidad de las relaciones.

Robert Waldinger lo explica mejor. Les comparto una charla que dio en Ted Talks y que se me ha quedado en la memoria:

 

Sofi Gómez C.

instagram: @sofigmzc

10 enero, 2018 - No Comments!

Anuma | Wave of mutilation

Desde que empecé a aceptar mi vida de adultez, hago malabares entre el trabajo, mi pareja, pasear a nuestros perros, hacer yoga, comer saludable, ver a la familia, salir con los amigos, y ahhh… mi gran pasión (además de diseñar): la música.  

Empecé a aprender a tocar la guitarra a los 16 años, y digo que empecé a aprender porque aún me siento muy básica en cuanto a mi conocimiento musical. Mi hermano tenía una guitarra acústica viejita y rota, la agarraba en su ausencia para tratar de tocar las canciones más emo que escuchaba en ese momento. Un vecino me enseñó lo básico; él siempre salía en la noche a tocar canciones de los Pixies y Nirvana afuera del kinder que estaba frente a nuestra casa. Gracias a él, aprendí algunas de ésas. Después, un amigo de la secundaria me enseñó más sobre teoría, mientras yo trataba de sacar canciones con tablaturas de Internet.

Ya que medio podía sacar algunos acordes, empecé a tocar con unas amigas; nos llamábamos Lavamatic. Después, toqué casi 8 años con una banda que se llamó Hey Chica!, y ahora estoy en dos proyectos, aún sin nombre. No crean que mi intención es escribir mi autobiografía musical, en realidad de lo que quiero hablar es de lo complicado que es para mí tener una pasión como ésta.

Lo complicado viene cuando quiero aprender nuevas técnicas, encerrarme a componer canciones o ensayar sin importar qué tan noche acabe, porque entonces tendría que agregarle varias horas al día para poder hacerlo. Tener una banda es un trabajo. Lo más importante para mí de éste es hacer canciones que nos gusten, pero si no queremos que los 4 integrantes seamos los únicos que escuchamos lo que hacemos, se tiene que pensar en distribución, redes sociales, diseño, fotos, mercancía y obviamente en salir a tocar. Gracias a lo poco (muy poco) que he experimentado de salir “de tour”, me parece que es lo más cansado del mundo. Tocar de jueves a domingo, y regresar el lunes a trabajar se siente como si hubieras ido crudo al gimnasio y te pusieran la rutina de algún atleta profesional.

En algún momento envidié muchísimo a los que viven de la música, pero sé lo difícil que es, y prefiero seguir en este equilibrio entre vivir del diseño y tocar. He llegado a pensar, “al diablo, ya mejor ahí muere”. Pero luego escucho canciones que me ponen la piel chinita, se me llena el corazón de emoción, me hacen mover los pies bajo el escritorio y recuerdo lo mucho que disfruto tocar, y luego ensayamos y me divierto como si tuviera 17 otra vez, y me digo a mí misma: por supuesto que no lo voy a abandonar.

Y es que no puede ser sólo un hobbie; no quiero que sea un hobbie. No quiero sentirme mediocre en la música. Tampoco quiero convertirme en ese cliché de película gringa, donde los señores tienen su bandita de covers y se juntan en un garage para jammear, tomar cerveza y olvidarse de sus deberes como padres de familia. O tal vez ya me estoy convirtiendo en ese cliché. Pero sólo quisiera seguir haciendo música, poder darme el tiempo para mejorar en mi instrumento, meterme al estudio a grabar con cada banda, y por supuesto salir a tocar, aunque sea los fines de semana. Sin prisas, sin presiones, sin contratos, sólo hacer lo que nos gusta, pero hacerlo bien. Y al mismo tiempo, poder seguir con mis deberes de adulto, ¿sí se puede verdad?

Díganme que sí se puede, por favor.

Jeka

Instagram: @jekaspita

3 enero, 2018 - No Comments!

Piña fresca | Un volado

Para mí, el 2017 fue el año en el que tuve que convertirme en adulto. O algo así. Tuve que tomar decisiones que cambiarían mi vida por completo. No fue nada fácil. En realidad fue abrumante. Creo que lo más difícil fue lidiar con el “hubiera”, porque siempre y cuando no toma una decisión, todo es una posibilidad. Y cuando todo es una posibilidad, no hay nada qué perder, pero tampoco hay nada qué ganar. Así que decidí aceptar los dos desenlaces.

Entre las primeras cosas que decidí fue quedarme en YuJo! Quise aprender de perseverancia y, sobre todo, demostrarle al millennial rebelde que llevo dentro que un poco de rutina no le hace mal a nadie. Curiosamente, fui aprendiendo muchas otras cosas, algunas sobre mí, pero la mayoría de mis compañeros.

YuJo! inició el año con siete personas y lo concluyó con más del doble. Claro, ninguna para el gran y legendario Departamento Audiovisual que conformamos yo y mi soledad, culeis. BROMI. En realidad había otras áreas realmente necesitadas de gente nueva y fresh — conocidas ahora internamente como los nius, que a su vez se dividen en las cuquis y los niños rata (ambos autonombrados así)—. Al principio, la idea de ser tantos nuevos le causaba un poco de miedo al crew de los old YuJo!, sobre todo por el cambio y la incertidumbre que esto provoca. Sin embargo, a mi gusto todo ha marchado de maravilla y mucho mejor que antes, pues para mí ninguno es niu, todos son amigos. O ami-Kos, como su generación mejor se lo sugiera.

Y con todo esto hemos aprendido mucho. Por ejemplo: cómo hablan los niños rata. Abril logró platicar con sus sobrinos de manera fluida gracias a esto. 100% real, no fake. También de trabajo en equipo (de uno más grande) . Y siempre ofrecer nuestra ayuda en lo que sea necesario para sacar la chamba y, por lo mismo y más importante: de amistad. De confiar en las personas con las que trabajo. Que puedo presumir que ninguno es deja abajo. Ni en la chamba, ni en lo personal, y que todos están dispuestos a aprender de sus errores y sacarle el mejor provecho a las oportunidades. Que nos conocemos de buenas, de malas y que hemos aprendido a respetar las diferentes personalidades que tenemos y así compartir en armonía y paz (generalmente estrés y mucha diversión) mínimo 8 horas diarias.

Por ahí dicen que los amigos son la familia que escoges, y me vale si me pongo un leve cursi, jaja, pero puedo decir que YuJo! es una segunda familia. Porque con todo y el riesgo de pérdidas y ganancias que toda decisión conlleva (como Joel y Gush al invertir en cryptomonedas), puedo decir que fue una buena decisión. De adulto alpha que soy.

Gracias, amigos.

Hola, 2018, también sé mi amiko, plox.

Andrea Odelap

Instagram: @andreaodelap

Vimeo: @andreaodelap

 

20 diciembre, 2017 - No Comments!

Especialidad, brother | Posada YuJo!

Por lo general, las posadas de oficina se envuelven en un amor fraternal donde el espíritu navideño se hace patente en cada gesto y abrazo entre las distintas áreas, y las cumbias animan a las personas a dejar sus roles cobijados por unos tragos encima.

Sin embargo, para mí y los colaboradores de YuJo!® e invitados, este evento se traduce en: vejaciones a un ex alumno, caldos de camarón escupidos directamente al rostro del mesero, gritos metaleros, ajerar al franelero en turno, daños a propiedad ajena, ataques de pánico y crudas de campeonato.

Por fortuna este año fue la excepción, y se canalizaron nuestras energías destructivas en diferentes actividades que hicieron la delicia de todos. Aquí un pequeño recuento.

 

Parte I - Hablando con Dios

La primera parada fue Volta Racing, donde se puede ser un cafre al volante con pocas consecuencias. ¿Por qué pocas? En un minuto conoceremos la respuesta. El equipo se dividió en dos para crear rondas clasificatorias para la gran final, la cual se conformó por: Yuca, Joel, Elías (nuevo integrante del equipo), Andrea y Taco.

El legendario Ayrton Senna decía que en la curva del circuito Spa-Francorchamps hablaba con dios. Andrea, queriendo emular a los grandes, quiso entablar dicha conversación, pero terminó estrellando su vehículo contra el muro de contención. Bandera negra, collarín 15 días y ganó Joel…

Sorpresa, sorpresa

Cabe mencionar que Jeka, cual doña de Providencia, respetaba los límites de velocidad y saludaba cada vez que podía al público, pero sin usar su celular.

 

Parte II - Mi Cecina es Mejor que la Tuya

La famosa cecina de Yecapixtla está en Guadalajara. El lugar es mi Chula Linda y la ubicación no la recuerdo realmente, pero vale la pena la vuelta. Para mayores informes, favor de dirigirse con Andrea.

 

Parte III - Vietcong-GDL Connection

Quizá el punto central de la posada era dar rienda suelta a nuestros instintos destructivos, y aunque no hubo alcohol de por medio, existen otras formas de sublimarlos: dispararle al jefe, resolver ese beef pendiente con algún compañero o simplemente sentirse como en alguna película bélica. En mi experiencia, al principio las balas de pintura corrieron cerca de mi oído, luego se estrellaron en la careta (donde no duelen), para finalmente destruirse cual kamikaze en el cuerpo —como decía Forrest Gump—: parecía que algo te mordía.

Girl power, el único power que cuenta

 

Mención honorífica a Davis que masacró a todo aquel que se ponía en su camino —hasta al compa que fungía como referee del juego—, y Joel, que no dudó en dispararle a Yuca a un metro de distancia. Como dije anteriormente: resolviendo los beefs.

 

Parte IV - “Si Nos Rendimos Ahora, Nunca Sabremos por Cuánto Íbamos a Perder”

Cuando recién llegué a esta ciudad hace 21 años, fui invitado a un cumpleaños en el Bolerama Tapatío; fue un desastre. Turno tras turno, mi bola terminaba en la canaleta. 21 años después, las cosas no han cambiado; ahora, por lo menos, puedo tomar cerveza. Aquí definitivamente volvió a ganar Joel. El tiempo apremiaba, por lo que solamente tuvimos oportunidad de jugar una línea.

Si no te dieron zapatos feos, no fuiste al boliche

 

Parte V - Los Trapiches al Sol

Si se es aficionado a la cerveza, la Cervecería de Colima ofrece varias opciones interesantes. Además, la promesa culinaria termina por crear un gran-muy-buen lugar. El cansancio comenzaba a hacer estragos, mientras los platos, bebida y buena plática continuaban. Aquí se cerró con imitaciones del Tuca (¡cállese, carajo!)

Esta fue la verdadera charla con dios

Parte VI - Tú y Yo a la Fiesta…

Haciendo acopio de fuerzas, arrastré mis cansados huesos a Galaxy, donde de alguna forma pueden convivir Donna Summer, Los Ramones y mi tos. Un par de tragos después, no sé cómo, me di cuenta que era de los últimos en abandonar el lugar. Emprendí el camino a casa con una sonrisa y buenos recuerdos.

¿Necesitamos en YuJo! alcohol para divertirnos? Definitivamente. Y aunque esta haya sido la posada menos borracha en el tiempo que llevo laborando en esta empresa, se hizo patente que en YuJo! no sólo trabajamos duro, pero se echa fiesta igual de intenso.

Simpsons Team

 

Gustavo Ramírez

Envío de invitaciones a posadas: gustavo@yujo.com.mx