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13 Julio, 2016 - No Comments!

Instantáneas | [Girls] People just wanna have fun

Todavía no sé qué necesita el mundo para ser un lugar mejor, pero desde hace tiempo sospecho qué es lo que no necesita: otra empresa aburrida. Sí, hay algunas que son necesarias, pero de esas ya tenemos suficientes.

Desde que empezamos con YuJo!, nuestra oficina, el modelo de trabajo y hasta los servicios que ofrecemos se han modificado, pero siempre ha habido una constante: la diversión.

Yuca y yo nos conocimos en la universidad y, desde entonces hasta la fecha, hacemos nuestro mejor esfuerzo por reírnos la mayor parte del día. Cuando empezamos a trabajar juntos quisimos que nuestro equipo también se divirtiera, y esto resultó, una y otra vez, en que el trabajo que entregábamos también fuera divertido.

Un buen amigo nos dijo en una ocasión que la simpatía mueve la economía, y desde entonces hemos reflexionado sobre el papel que la diversión juega en nuestra empresa. Desde el día uno le damos un lugar importante al juego, pero siempre lo habíamos entendido como un medio para potenciar el proceso creativo y disfrutar más la semana.

Nunca nos ha gustado la etiqueta de "Agencia Publicitaria", sino que aspiramos a hacer creatividad en campos muy diversos. Por eso recientemente, tratando de perfilar de forma más potente nuestra razón de ser hacia el futuro, empezamos a considerar que quizás la diversión no debía ser sólo un medio, sino un fin en sí mismo. Un objetivo al cual llegar con cada relación que estableciéramos, tanto con nuestro propio equipo, como con nuestros proveedores, nuestros clientes y la comunidad.

Hoy, todavía, la mayor parte del trabajo que hacemos se enmarca en las categorías de Identidad de marca, Producción y Publicidad. Y si haciendo esto nos divertimos y divertimos a la audiencia, cumplimos. Pero si mañana, además, hacemos Desarrollo de producto, Consultoría o Intervención social, nos divertimos y divertimos a nuestros clientes finales, también cumpliremos. Desde esta perspectiva, el tipo de trabajo que hacemos se vuelve secundario y la diversión a lo largo del proceso se vuelve lo más importante.

Todavía no tenemos una definición final de este motor que sentimos tan nuestro y tan natural, pero creemos que divertirnos nosotros y divertir a quienes reciban nuestro trabajo es justificación suficiente para seguir existiendo.

Las personas queremos divertirnos. En primer lugar porque el juego es inherente a nuestra naturaleza, y en segundo lugar porque el mundo, como lo conocemos, es demasiado aburrido. La gente quiere divertirse y está dispuesta a pagar por ello.

Hay quienes tienen la oportunidad de curar el cáncer, quienes pueden subirse a un cohete y conquistar Marte, quienes están aliviando el hambre y haciendo el mundo un mejor lugar para vivir. Nosotros podemos hacerlo más divertido, y al menos lo seguiremos intentando durante muchos años más. Hoy haciendo publicidad. Mañana, quién sabe.

Joel Gutiérrez

Twitter: @thewowisnow

Instagram: thewowisnow

5 Noviembre, 2015 - No Comments!

Columnam | Quiero saltar en las nubes

15 Abril, 2015 - No Comments!

Instantáneas | No sólo hagamos algo bonito

Algunos años atrás, con el lanzamiento de la segunda generación del S40, Volvo™ puso al aire un spot que cerraba con el slogan ‘La ciudad es de todos. Decórala’.

Los primeros autos mejoraban la vida de las personas, porque les permitían ir de un lugar a otro rápidamente. Los primeros anuncios mejoraban la vida de las personas, porque les permitía conocer productos y servicios que querían obtener.

Hoy los autos se han vuelto un problema y la publicidad tradicional también, quizá porque de ambos hay demasiado.

Cada vez es más difícil que un auto revolucione la industria automotriz. De la misma forma, cada día es más complicado que una campaña impacte profundamente la manera en que las marcas se comunican y cómo las personas le damos sentido a la vida.

Hacer algo bonito y ponerlo en el mercado es una aspiración que armadoras y agencias publicitarias deberíamos tener siempre. Pero definitivamente no puede ser la única, porque entonces nos limitamos a ser decoradores, cuando lo que deberíamos hacer es resolver problemas, unos de movilidad y otros de comunicación.

De esto habla Sarah Dayan en su texto Be a problem solver not just a decorator

¿Ustedes qué opinan?

Joel Gutiérrez

Instagram: thewowisnow

Twitter: @thewowisnow

25 Marzo, 2015 - No Comments!

¡Bienvenida a yujo.com.mx!

En día 16 de Febrero dio inicio a esta aventura… una muy buena aventura. Comenzando por Joel y Yuca, que he aprendido bastante de ellos en este mes, particularmente sus términos “raros”, la manera en como “se tienen que hacer las cosas”, los importantísimos “Lunes de Tráfico”, el uso excesivo de “Basecamp”, sus sabrosos “Jueves de Qin”, cómo le meten “feeling” a su chamba y en el tradicional “Relámpago”. Mis compañeros Abril, Aída, Chumy y Tito que han sido muy pacientes conmigo, dándome el apoyo y los conocimientos que se requiere para que una Administradora entre al mundo de los Comunicadores y los Diseñadores. ¡Gracias! Yes Rodríguez

23 Marzo, 2015 - No Comments!

Palabrerías

El fin del mundo o tal vez no

Entre las lluvias y el frío que hemos tenido en estos días, empezamos a bromear en la oficina con que ya era el fin del mundo.  Que no cunda el pánico, esto no va a ser una nota fatalista sobre el fin de los días o de consejos para hacer una bucket list y aprovechar los últimos momentos en esta tierra. La cosa no es tan dramática, pero será aplicable a cierre de ciclos, campañas de publicidad, proyectos, relaciones, tu helado favorito, etcétera.

Es difícil desprenderte de algo con lo que ya llevas un tiempo trabajando y a lo que le has dedicado tiempo, esfuerzo y también tu rango completo de emociones  (la felicidad cuando el texto por fin queda, el coraje cuando el cliente dice “pues está bien” *cara de asco *, la frustración cuando por más que le das vueltas no encuentras un nuevo giro, la realización personal cuando de nuevo encuentras una solución… en fin: emociones),  pero se llega el día en el que el cliente al fin dice que sí, que todo lo que se hizo le gustó, después de modificaciones, edición de textos y un rayoneadero en las paredes de YuJo!  Y ahora sólo queda arreglarlo para la entrega y despedirte.

¡Ugh! Las despedidas… una de las cosas que más odio en esta vida y, por desgracia, una de las cosas que también es muy común. Es tanto mi odio que cuando es algo serio siempre termino llorando y pasando un muy mal día. En fin, aunque en un principio dije que no sería una lista, siempre que voy a pasar por estos procesos sigo ciertos pasos.

  1. No llorar (según yo)
  2. Revisar lo que se hizo y ver todo el proceso
  3. Pensar en los errores que hubo y las posibles soluciones
  4. Tratar de sacar aprendizajes
  5. No llorar (de nuevo)

Suena cursi estar revisando lo trabajado, recordar los aprendizajes y pensar en cómo pudo haber sido mejor la cosa, pero realmente hace más fácil las despedidas y que desprenderte de un proyecto sea más sencillo y no sólo sea algo en lo que trabajaste, sino que también te deje algún aprendizaje para el futuro.

No le decimos adiós, sino hasta pronto o/

Alejandra Sevilla Macip

Instagram: @chusevilla

Pinterest: /mishuu

11 Marzo, 2015 - No Comments!

Columnam

El mal augurio del archivo_Final

En la publicidad, como en cualquier otro campo de trabajo, existen mitos y leyendas en los que puedes creer o no. Pero si un experto te advierte un día sobre algo, es mejor hacerle caso o aceptar las consecuencias.

Hace algún tiempo cuando empezaba a trabajar en esto, y aún no sabía nada de la vida (ahora no es que lo sepa todo, pero sí un poquito más), me encontraba diseñando ciertos menús para un H. Restaurante. Ingenuamente, al primer archivo que mandé para aprobación se me ocurrió nombrarlo fulanitomenu_blablabla_final, a lo que me respondió la vida con un gran “¡JA!” -y además de ella, todas las personas por las que pasó el archivo para revisión; como dije antes, no sabía NADA de nada-. Una buena persona se apiadó de mí y me explicó: “Aída, nunca nombres un archivo con nada que tenga que ver con final o definitivo”. Y claro, si hacemos retrospectiva en el finder de mi computadora, había cientos de documentos escolares llamados archivo_ final, archivo_final02, archivo_final_ok, archivo_final_esteeseldefinitivo, archivo_esteSíeseldefinitivo… pero tal vez ninguno lo fue, no porque fuera malo o estuviera mal hecho, quizá era porque la vida te da con su mazo gigante en la espalda cuando crees que tú eres mejor que ella y te dice: “¿Ah, sí? ¿Con que crees que es el final? ¡Pues nooo! Toma esto, pequeño mortal”.*

En esa ocasión del menú, tuve que cambiar “Sándwich de Atún” por “Sándwich de Salmón ahumado” al menos unas 5 veces, sin contar las que tuve que actualizar los precios de cada alimento y otras muchas pequeñeces, o como diría mi amiga Emilia: puñekeces.

Y a veces, aunque no escribas el final en el nombre del archivo, pero crees que un proyecto es tan sencillo que puedes terminar fácil y rápidamente, ¡Pum! Otra vez está la vida apuñalándote por la espalda.**

Hay proyectos que se parecen a la cosecha de mujeres, por más que uno quiere nunca se acaban.

Esto es muy triste u.u porque uno le va perdiendo el amor a las cosas con tantos cambios y tantas idas y vueltas. Son como proyectos zombies, piensas que ya están muertos pero reviven y te atacan, te comen el cerebro y exprimen todo lo que pueden de ti.
Bueno, no todo es malo, también hay proyectos que aunque no se acaban, cada que los vuelves a abrir sacas cosas buenas de ellos, o más bien les pones cosas que aportan. Ese tipo de proyectos los comparo con los shampoos que no quieres que se acaben y los sigues apachurrando hasta sacarle la última gota, y cuando ya de plano no sale nada abres la tapita y con el dedo sacas lo que sólo tú sabes que queda.

El punto es que desde esa vez del sándwich de atún creí haber aprendido que NO tenía que nombrar así los archivos, hasta que el año pasado tropecé y por un descuido nombré un archivo como si fuera el definitivo pensando que ya estaría Listo!***…

Se volvió un proyecto zombie.

En Dios confío para que ya se acabe (pero desde enero estoy esperando eso -.-).

*La vida es una perra. N. de la E.

**Parafraseando a Bonifaz Nuño: pinche vida. N. de la E.

***Sic.

Aída Morales

Instagram: momidaar

Pinterest: Aída Morales

4 Marzo, 2015 - No Comments!

Se parece tanto al amor

Lo que la ficción nos habla de nuestro trabajo

Dicen que cuando te sumerges en un tema, comienzas a verlo en todos lados. Es por eso que una adolescente obsesión amorosa te hace pensar que lo que te rodea te dice que debes tatuarte su nombre en un brazo; o que hay más perros sin correa que ciclistas con casco (los reto: hagan la cuenta).

Sin embargo, hay señales muy claras cuando abres un libro o ves una película: dentro de la trama hay muy buenas lecciones sobre cómo dar buena atención inbound y cómo se deben manejar las redes sociales para promocionar un negocio. Esta no es la primera, ni la última vez, en que alguien usará un texto culturtal -entiéndase todo lo producido como expresión y difusión de cultura: canción, pintura, película, libro, etcétera- para hablar  de los buenos ejemplos que se pueden convertir en material para manuales. Yorokobu lo hace cada vez que puede. Pongo mi granito de arena porque este fin de semana me sentí un poco iluminada cuando vi Chef y recordé la historia de Atención al cliente. La cosa la contaré más o menos así:

Inbound y offline, o por qué la venta es apenas el principio de todo

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Benoît Duteurtre cuenta la historia de un periodista free-lance que no es parte de la generación que sabe cómo usar las redes sociales, pero todavía no es un abuelo que abre su perfil de Facebook. Es más: ni siquiera Facebook existe cuando esta novela es editada por Funambulista; ni Twitter, ni Instagram ni las otras que los millenials exprimen como niño bien con herencia jugosa. Atención al cliente es la desventura de un cuarentón que intenta resolver un problema con su celular -lo perdió en un taxi justo cuando había renovado su contrato- y entiende todo eso que tiene de kafkiano la burocracia de una empresa de servicios de telefonía e Internet. No quiero decir que Atención al cliente es El Proceso del siglo XXI, pero sí comparte con su predecesora el absurdo, gracias al intercambio de correos sin sentido en busca de mejora de servicio, cartas de cancelación y llamadas que serán transferidas hasta el infierno, jamás atendidas.

Claro, es un texto gracioso, sin embargo, todos nos identificaremos con la miseria de este clasemediero, que a pesar de que no perderá su vida ni su identidad por querer exigir el servicio que está pagando, deja en claro que la verdadera misión de toda empresa no es mejorar la calidad de vida, más que la de sus dueños.

En medio de la rabieta, el periodista se da cuenta de que la caída del muro de Berlín y la victoria del capitalismo sobre el comunismo consistió, no en unificar Europa, sino en fusionar ambas doctrinas en una: la gente tiene la libertad de comprar lo que le plazca, pero para todo tendrá que hacer filas. Fila para pagar la cuenta en el banco, fila para pagar su recibo de celular, fila para comprar un boleto de avión, fila para dar mucho dinero por un servicio que le entregarán a medias, pues una vez firmado el contrato o hecho el intercambio de dinero, a una compañía se le olvida darle seguimiento a sus clientes.

Eso que llaman inbound se trata de eso: si una aseguradora vende una póliza, no esperará a que el cliente tenga un siniestro para revisar que todo esté en orden. Mejor aún, se esforzará por conocer los comentarios que sus asegurados tienen de sus productos. Esperar a que se quejen en redes sociales para resolver dudas, es también permitir que un problema se haga más molesto, por muy pequeño o, incluso, lo equivocado que esté el “quejoso”.

Pienso que si no estás listo para dar un buen servicio inbound y offline -personal capacitado, canales de comunicación que podrán resolver dudas, producto de calidad, entre otros-, entonces no puedes esperar que todo se resuelva con un correo electrónico o un reply en Twitter. Antes de salir al mundo a vender algo, habría que pensar si además de un buen producto, eres capaz de darle el seguimiento que tus clientes merecen.

Las calamidades que le suceden al personaje de Atención al cliente son los ejemplos clásicos a los que todo consumidor se enfrentará: una línea telefónica saturada, respuestas evasivas, promesas al aire, que ignoren sus peticiones.  

Hay directivos que se asustan cuando revisan el muro de Facebook de su compañía, y lo primero que piensan es desaparecer del ciberespacio y olvidarse de ese aspecto, en lugar de leer las primeras tres publicaciones de sus clientes para darse cuenta de que lo que molesta es la atención offline. El director tal vez debería pensar: “Si no doy buen servicio, la calidad de mi producto pierde su fuerza”. Si quieres aplicar la estrategia del Soup Nazi, recuerda que ni siquiera sus deliciosos brebajes lo salvaron de la perdición. “Next!”

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=OOIGCyAR-0w]

Las redes sociales pueden ser tu destrucción y tu mejor aliado: Chef

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John Favreau es el menos dañado de Very bad things y fue novio de Mónica en Friends, pero también es director de cintas de acción (Iron Man y Iron Man 2) y un foodie de hueso colorado. Por eso en Chef, la película que estrenó el año pasado, cuenta con Sofia Vergara, Robert Downey Junior, John Leguizamo, Dustin Hoffman y Scarlett Johansson (hace mucho que no la veía tan guapa, ustedes disculpen): un cast divertido, cool y con talento.

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Comer es sexy

Favreau es también el protagonista, un chef que está frustrado en la cocina de un restaurante de Los Ángeles porque no le dan libertad creativa para no sacrificar a la clientela. Antes conocido como una joven promesa, ahora no tan joven se enfrenta a uno de los bloggeros más reconocidos del mundo culinario: un crítico despiadado que no teme decir lo que piensa cuando prueba los platillos del chef y no le gustan. Su reseña en línea es inmisericorde, y al poco tiempo todos hablan del cocinero en Twitter, aunque él todavía no tiene una cuenta.

Su hijo, un niño de 10 años de esos que ya saben cómo se usa todo con la misma naturalidad con la que te puedes subir a cualquier tipo de bicicleta una vez que aprendes con la tuya, le crea su cuenta en Twitter y lee todo lo que tienen qué decir de él. Al ver todo el alboroto, envía un tuit al crítico que piensa es privado. Error de principiante que paga con cientos de retuits y una pelea en menos de 140 caracteres que se traduce en otra visita del crítico, otro impedimento para que el chef cocine algo más arriesgado y el inminente encontronazo entre ambos personajes.

Cuando el cocinero le reclama al crítico la manera en que descalifica el trabajo de otros, tiene algo de razón. Lo que ve sobre la mesa es el trabajo de horas de un estaf dedicado a dar lo mejor que tiene. Y él simplemente lo descarta porque lo único que tuvo que hacer fue sentarse ahí. Ni siquiera lo está pagando, pues el dueño del restaurante le regala también una botella de vino con tal de tenerlo contento. Me recuerda a los tuitstars y lo que creen merecer sólo porque tienen miles de seguidores -por decir chistes de tetas o hablar mal de Enrique Peña Nieto. ¿Hay algo más fácil en este mundo que ganarse la simpatía de muchos por hablar mierda del que todos hablan mierda?-. Ángel Buendía tiene una buena reflexión al respecto.

Regreso al camino: alguien graba los reclamos del chef, los sube a YouTube y la fama llega, quizá no de la mejor manera. Para entonces, él ya renunció a su trabajo y quiere empezar de nuevo, y lo hará con un foodtruck.

Aquí el genio no es el cocinero que regresa a sus raíces cubanas y prepara los sándwiches más grasosos y más deliciosos -o al menos así se ven- del mundo en un camión que recorre Estados Unidos de costa a costa, ni la publicista que le sugiere explotar los miles de seguidores que ya tiene para anunciar marcas. El verdadero héroe es el hijo del cocinero, quien se encarga de manejar las redes sociales de su padre (léase: Twitter) y le ayuda a incursionar en Vine.

Y he aquí la gran lección: ya que la primera prueba de El Jefe -así se llama el foodtruck del protagonista- está en el camino, Twitter funciona de manera ideal para informar a sus seguidores acerca de su localización, nuevos platillos y siguiente destino. A través de esa plataforma el chef se convierte en trend topic y gana, todavía, más notoriedad. Eso, y los videos de 6 segundos que hace su hijo, ayudan a que cuando regrese a Los Ángeles, no tenga que buscar clientes, sino que ellos ya los estén esperando.

Para este negocio -El Jefe-, Twitter y Vine fueron los ideales. No tenía blog, no se habla de Facebook, Instagram ni Snapchat. Y no los necesita. Por supuesto, para englobar lo ideal de un negocio, servicio o empresa que se anuncia en redes sociales, la comida del cocinero tiene éxito porque, admitiendo que el momento cuando comienza su nuevo proyecto es ideal por la atención que goza, no sólo tuvo un buen equipo de estrategia digital -su hijo- o un buen equipo de atención al cliente -uno de sus compañeros del restaurante y su ex esposa-, su producto era digno de toda la promoción gratis que se le hizo, y de la misma manera que sus compradores agradecían la comida, recibían el feed de fotos, videos y actualizaciones de estado que mostraron los momentos íntimos, de creación y pura diversión de todos detrás del caminón de El Jefe.

Así debería funcionar.

Sin embargo, muchos conocemos los “pero…” de estas historias.

Por ejemplo:  hay quien todavía ve las las redes sociales como “publicidad gratis” -de gratis no tienen nada, grábenselo- y las operan con la misma lógica que un póster que sólo anuncia, no propone y tampoco invita a nada.  ¿Cuántos conocemos que han dicho “Mi estrategia, este año, será brindar un buen servicio, no hacer tantas campañas para aumentar mis ventas”? ¿Cuántas veces un cliente le dirá a su community manager “Haz un post del vestido ese de los dos colores, para que nos vean”, aunque se trate de una marca de crema contra hongos en la piel? Y, hablando de ejemplos más cercanos, ¿cuántos no demeritan el trabajo de un “simple” community manager -“Yo sí estudié”, dicen ufanos, porque eso es lo que vale en la gente y nada más, los estudios, villanos- cuando es este personaje el que puede dar o despojar todo valor a tu presencia en redes y después a tu marca por no atender las interacciones de manera correcta?

¿Conclusiones? Tanto en Atención al cliente como en Chef conocemos un poco del lado B. No todas las quejas son legítimas, no todos los precios son injustos, no todos los clientes tienen la razón. Se debería encontrar la manera de hacerlo evidente y admitir que, aunque marcas, detrás de todo hay lo mismo que al frente: personas.  Y por otro lado, si el cocinero hubiera tenido una cocina sucia, o servido sándwiches con cabellos, la gente se lo hubiera recriminado con todo el derecho.

Recordemos que una marca o empresa se debe a sus clientes. El compromiso con ellos debe trascender a la venta, ya no hay espacio para aquellos que miran con soberbia y condescendencia a sus compradores mientras le entregan un papelito para que esperen su turno. Así como todos somos peatones en algún momento del día, también somos consumidores. No olvidemos eso. Al final, es la misma filosofía para todo: hazle a los demás lo que quieras que te hagan. Y por eso, se parece tanto al amor.

Seguro ustedes tienen más asegunes para contar. ¿Se animan a compartirlos?

Abril Ambriz

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25 Febrero, 2015 - No Comments!

Stay chido!

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Ilustración de Tito

Yo critico, tú criticas, el critica, nosotros… también

¿Cuántas veces al día criticamos algo? Yo llevo como unas 15 y apenas son las 10:04 am. Ahora, de todas esas que haces al día, ¿cuántas realmente crees que las haces de manera correcta? Y, aún más: ¿en qué te basas para dar una crítica?

Y es que es fácil emitir una, malentenderla y descalificarla; incluso sucede lo mismo cuando un creativo, artista, diseñador, fotógrafo o cualquier persona piensa que muchos likes lo vuelven maestro, crítico especializado y hasta rockstar.

Pero no hay que confundirnos. Sin importar si es una red social o páginas especializadas, tener un like o muchos no dicta ni evalúa si el proyecto fue creado bajo un buen proceso creativo, una metodología de diseño y mucho menos su efectividad ante un escenario real entre cliente, creativo y consumidor.

En la tan desfarotunada era del template, de seguir más que proponer, de copiar más que pensar, hay mucho que criticar.

Pero antes de hacerlo es importante distinguir las buenas de las malas críticas; o las objetivas y útiles, de las egocéntricas y por compromiso.

Una mala crítica muchas veces va acompañada de plabras como, “está chido”, “¡ah, qué perro!”, “óóórale”, “chingón”, “me late”, “ájalas”, “está padre”, entre otras.  Y en las buenas, habitualmente se escucha: “a mi parecer”, “en mi experiencia”, “me remite a”, “me comunica esto o aquello”, “entiendo que…”, “sugiero”, “cumple con”, por mencionar algunas.

Ajá, sí, seguramente estás recordando infinidad de críticas que te han llovido, y quizá estás tratando de clasificarlas y valorar a aquellas personas que te han compartido alguna, y una de dos: o los respetas, o los has mandado a la fregada.

Es momento de aceptarlas y de mantenerte cerca de aquellas amistades que en ratos se vuelven maestros y, en contraparte, abstenerte de recibir o pedir críticas de los otros cuyas finalidades son totalmente triviales. Como quien dice, hay que saber a quién y en qué momento solicitarla.

Un buen juicio crítico, según Ezra Pound, “no limita ni prohíbe, sólo proporciona puntos de partida”. Con esto podemos decir que no se trata de criticar basados en la experiencia y gustos personales.

Enlistaré algunos de los puntos que me parece importante establecer antes de emitir una crítica en el ámbito creativo:

  • Escucha e infórmate. En caso de ser necesario, deja que el autor explique y contextualice su obra.
  • Evita horarios cercanos a la comida o al descanso.
  • Conoce los objetivos y el brief.
  • Invita a los críticos. Entre más puntos de vista obtengas, mejor será  la retroalimentación para el proyecto.
  • Establece parámetros para medir la efectividad.
  • Examina profunda y objetivamente.
  • Habla en primera persona y modula tu tono de voz, de tal manera que tus comentarios sean en buena onda.
  • Concéntrate en las oportunidades, no en los errores.
  • Concede el derecho de réplica.
  • Reconoce el esfuerzo del autor.
  • No olvidemos que en un ambiente fuera del trabajo sólo podemos emitir una crítica siempre y cuando nos lo pidan o pidamos permiso.

////ADVERTENCIA////

Prevaleciendo el respeto, toda buena crítica a veces puede llegar a incomodar, pero tomando en cuenta lo dicho en este artículo podemos asegurar que nos ayuda a equivocarnos menos y nos enseña más en todos los sentidos.

Entonces revaloremos la crítica constructiva como un proceso evolutivo y de aprendizaje para nuestras profesiones y la innovación que la misma implica.

¿Ustedes critican?

Tito

Instagram: titorama

Tumblr: brandingdong.tumblr.com