Archives for Agosto 2016

31 Agosto, 2016 - No Comments!

Al Cien | Qué bonita referencia…

...quiero mi proyecto IGUAL*

*las palabras que todos en el mundo creativo temen

Muchos ya sabrán que soy de Guamúchil, un pequeño pueblo en crecimiento del norte de Sinaloa. Es tan pequeño y tan en crecimiento —lento— que el apoyo e interés por la cultura son casi nulos; hay muy poca gente interesada en aportar talento a Salvador Alvarado (el municipio en donde yace la población), y de esa, la mitad, al parecer, piensa “quiero intentar entrarle por quedar bien”.

Cuando estaba en la adolescencia, y un poco confundida sobre qué estaba bien y qué no, una conocida de mi mamá recibió el apoyo de una editorial para publicar su primer libro de poemas. Poco tiempo después, mi mamá, con pena, me platicó que se dieron cuenta que muchos de éstos no eran suyos…

¡Oh, querida Juanita!, ¿no sabías que ya existía el Internet? Me imagino que ella pensó que si nadie lee en Guamúchil, nadie se daría cuenta. Fue la primera vez que escuché que alguien hacía esto —perdón, amigos, vivía en una burbuja— y fue la primera vez que supe qué era un plagio y qué tan de mal gusto es.

Hoy, en el blog de YuJo!, me subiré a este tren de actualidad completamente sin planearlo, pues desde antes de que saliera la noticia de que nuestro “queridísimo presidente” (del que jamás esperábamos esto *sarcasm alert*) plagió su tesis, me preguntaba por qué en el ámbito del diseño, la publicidad y otros temas afines, el plagio es tan común y cómo no se dan cuenta de que todos lo notamos.

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Encuentren las 15 diferencias

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Encuentren las 15 diferencias - nivel avanzado

No le echo la culpa de esto a nuestros papás o maestros, pero al parecer a todos nos hizo falta que nos dijeran que copiar era malo, no sólo porque así no aprendemos o porque mentimos, sino que, deliberadamente y sin tantita pena, demeritamos todo el esfuerzo y trabajo que otra persona hizo para llegar a esa campaña, diseño, concepto, libro, canción, etc. que tanto nos gustó como para querer imitarlo.

Seguramente cada vez es más común, porque vivimos en el Internet y la infinidad de referencias que te encuentras por todas partes —muchas veces sin querer— te hacen pensar que está bueno y simplemente lo dejas ir. Pero resulta que a tu subconsciente le pareció tan chido que se lo quedó y, tiempo después, se te viene a la mente creyendo que es una idea original. O simplemente te pareció tan bueno que no te importó que alguien más ya lo hubiera hecho, pero como tú también lo puedes replicar, quieres que te toque rebanada de ese pastel.

A pesar de que no soy experta en el tema, no se necesita nada más que sentido común para saber que es algo que habla mucho de tu ética personal y profesional. Por eso creo que como diseñador, publicista, ilustrador, músico, tatuador, el que escribe cartitas en la plazuela y cualquier otra chamba o profesión, es nuestra responsabilidad hacerle saber al cliente que esa referencia con la que llegó no se puede hacer igual porque alguien más ya lo hizo y su trabajo vale. Aunque nos quememos las pestañas para encontrar algo que convenza al cliente de que es mejor que lo que él traía en mente, es lo correcto.

No olvidemos que el Internet es como Guadalajara: enorme, pero todo mundo se conoce y va a donde mismo. Eso que crees que solamente tú tuviste el privilegio de encontrar en una recóndita página de bellísimas referencias, seguramente la mitad de las personas que conocemos también creen que es un secreto que atesorará toda su vida. Enciérrense en una cueva, “fúmense” lo que quieran, abran su tercer ojo, váyanse de viaje, aléjense del Internet y dejen de pensar en “wow, ojalá se me hubiera ocurrido a mí antes”, y entonces haremos algo que todos querrán copiar.

Aline "Viejona" Flores Nonaka

Instagram: @alinenonaka

Twitter: @alinenonaka

24 Agosto, 2016 - No Comments!

Especialidad, broder! | Hoy voy a cambiar

Lo siento, amigos, usar a Kate Upton para atraerlos fue un truco bajo, lo sé. Pero en cierta forma es necesario para los fines de este artículo.

Me pueden decir negativo, pero en mi experiencia los cambios se dan rara vez —claro, existen honrosas excepciones. En general, el alcohólico arrepentido se despertará con una terrible cruda para decir que es la última y tomarse “una” en la primera ocasión; la alarma que anuncia que es hora de ir a correr a las 6 de la mañana volverá a ser puesta en snooze, y votar por el cambio, bueno, eso ya sabemos cómo acaba.

Aunque los ejemplos sean extremos, es difícil cambiar un hábito ya arraigado y esto también se puede aplicar en la publicidad. Inmersos en un mundo que tiende al machismo, se siente natural que esto se refleje en los mensajes que las marcas mandan para captar la atención.

¿Cuántas marcas hacen publicidad extremadamente machista? Se me ocurren al menos una docena. Sin embargo, como dije anteriormente, existen honrosas excepciones, bueno al menos 2, que he descubierto que han hecho algunos cambios de un discurso para tender un pequeño puente hacia algo más.

Tecate

Esta cervecería se ha distinguido por darnos memorables frases cómo “necesitas ver más bax” o “ser hombre es fácil”. Aún cuando todos sabemos que tomar más de una cerveza de esta marca sin tener miedo a las consecuencias es un acto de hombría en sí, cada pieza producida por Tecate era un epítome al machismo.

Después de tales esfuerzos, uno no puede más que mirar con suspicacia el siguiente comercial.

Como cuando tu amigo el borrachal lleva dos semanas de abstemio y te preguntas cuándo volverá a caer.

 

 

AXE

Crecer en los 90 era sinónimo de tener que bañarse en desodorante para ocultar ese caldo de hormonas que se empezaba a cocinar. Y ahí estaba AXE, que nos prometía, cual yihadistas, 20 mujeres vírgenes e igual número de miradas lascivas —y así es como olía una secundaria llena de pubertos listos para inmolarse.

Ahora AXE nos dice que cada uno tiene atributos y depende de cada uno usarlos de tal forma para ser cool, obviamente si es con AXE mejor. Honestamente, creo que es una buena vuelta al discurso tan desgastado de “si usas nuestros productos, mágicamente serás el objeto de deseo”.

 

 

 

Esto no significa absolutamente nada, es tan sólo un pasito hacia otra dirección, y que si se suma a muchos otros puede llevar a esa palabra clave y que todo el mundo busca con desesperación hoy día: cambio.

Luego, se encuentra uno joyitas como la de Carl's Jr, escuchar a tipos decir “¿a mí por qué no me ceden el asiento?” o a mujeres que dicen “tenemos mucho qué aprender de los hombres”. Y se nos pasa.

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EPIC FAIL

Gustavo "Bebocho" Ramírez

gustavo@yujo.com.mx

17 Agosto, 2016 - No Comments!

Columnam | Cómo no frustrarte en el intento

Llevo más de un año haciendo infografías sobre diversos temas para una compañía de seguros, y durante todo este tiempo he aprendido varias cosas, como:

Para cuidar mis ojos debo evitar los rayos UV con lentes de sol.

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Sé que si hay un sismo, debo cubrir mi cabeza de los objetos que se puedan caer.

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Que en caso de fiebre tengo que ponerme un trapito mojado en la frente.

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Hasta he aprendido cómo prepararme para un viaje.

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El chiste es que ya se cómo reaccionar a muchos “casos de”, pero en las últimas semanas me encontré con una situación en la que no sabía qué hacer.

No sabía qué hacer en caso de frustración.

Lo único que me dijo mi instinto fue: déjala pasar. Pero me hubiera gustado mucho saber enfrentarla. Ayer estuve leyendo al respecto y me topé con que existen varios tipos de frustración.

En mi caso, la famosa frustración apareció porque me encontré en un bloqueo creativo, el cual, leyendo y escuchando a más gente, me di cuenta que es de lo más común del mundo y que no era el final de mi vida como diseñadora.

Hay un presentador/productor de un programa radiofónico, llamado Ira Glass, que mencionó unas bonitas palabras de aliento para los que se van iniciando en el mundo de la creatividad. Dice que la forma de llegar al resultado que quieres lograr es intentándolo mil veces. Porque por lo general los que nos dedicamos a la creatividad somos muy pickies, entonces muchas veces no nos va a gustar del todo nuestro trabajo.

Yo creo que esas palabras aplican tanto a principiantes como a no tan principiantes, y a gente de todos los rubros. Al fin de cuentas, el mundo siempre está avanzando y nos toparemos con situaciones nuevas y retadoras. Así que, amigo mío, déjame decirte que seremos principiantes más de una vez en la vida.

Aquí puedes ver un video inspirado en las palabras de Ira Glass, que hizo un chavo al que, aparentemente, le cambió la vida:

 

 

Y bueno, ya para despedirme, aquí les van los famosos 10 puntos para combatir ¡un bloqueo creativo! (y de esta forma evitar la frustración).

Toma nota

A mí me pasa mucho que tengo grandes ideas o cuando estoy a punto de dormir o cuando me estoy bañando, pero después ya no me acuerdo de ellas. Será bueno guardarlas porque más delantito me pueden servir.

Habla solo

Dicen que cuando cuentas un problema ya no cargas con él tú sólo; diciendo las cosas puedes verlas desde otro ángulo y encontrar la solución que no habías visto antes. Así que dilo en voz alta, no te preocupes, nadie te juzgará de loco (a-já).

Duerme bien

El sueño es el mejor detonador de la creatividad.

Acepta muchos retos

Esto ayudará a que la mente siempre esté ejercitándose y adquiera un buen ritmo para resolver los problemas.

Date el tiempo de pensar

Ya sea en la ducha, en un avión o mientras lavas los trastes, dale vuelo a la hilacha pensando cómo harías una cosa o la otra.

Salte de la rutina y no pienses en nada

Sí, ya sé que en el punto 5 dije lo contrario, pero si por un momento dejas de darle vueltas al asunto, cuando lo retomes lo verás con otros ojos.

Hay que leer

Esto es una estrategia que funciona a largo plazo: leer es como ir ahorrando influencias, ideas y detalles. Todo lo que consumimos mientras leemos se queda almacenado en la parte posterior del cerebro. Un día todo eso va a salir de ahí.

Haz sketches

Esto es como el palo que le pegó al lobo para que sacara a la chivita. Dibujar rápidamente activa toda la información que está almacenada en nuestro cerebro y la trae a la realidad en forma de trazos.

 

Formula preguntas

No hay preguntas tontas, el tonto es el que no las hace. Si nos preguntamos para qué estamos haciendo ese proyecto, para quién, qué va a generar ese producto, nos puede ayudar a determinar qué y cómo es lo que tenemos que hacer.

 

Desconéctate

La solución no está en el canvas de Illustrator ni en la hoja de Pages. La solución está en tu cabeza y tienes que descifrarla antes de querer ejecutarla. Si no, sólo perderás el tiempo y seguro te distraerás con Facebook —been there 😉 — y después te frustrarás.

Espero que les sirva en más de una ocasión, y que a mí también 😀

 

Aída "Txutxis" Morales

instagram: momidaar

pinterest: momidaar

 

3 Agosto, 2016 - No Comments!

Se parece tanto al amor | Hoy renuncio

August is the month of last chances

@tinynoetzsche

 

 

Seis y media de la mañana.

Nunca puedo despertar antes que la alarma, así que cada día lo empiezo en medio del micro infarto que provoca el grito del aparato. Ese reloj tiene más de trece años conmigo, y la única razón por la que no lo he arrancado del muro para estrellarlo contra el piso es que mi madre me lo regaló el día de Reyes. Hace más de trece años me compró un reloj despertador, porque cuando cruzas la mayoría de edad, los seres mágicos te regalan objetos útiles, no pendejadas.

Todas las mañanas me levanto, tomo una ducha, me visto y salgo hacia el trabajo, siempre con el tiempo encima, en una bicicleta que todavía no domino y me doy cuenta de que a veces tengo más miedo de llegar tarde que de un autobús me atropelle. Hasta que un 640 pasa a diez centímetros de mi hombro y mejor me trepo a la banqueta, porque al diablo con la civilidad si significa convertirte en un mártir para la causa.

Hace poco cumplí 34 años y ya empezamos con los achaques que mi juventud no quiso prevenir: que si mucho café, que si las hormonas, que nada de Coca-Cola, nada de cigarrillos —mátenme—, hace falta más ejercicio, hace falta tener hijos y, bueno, que no me quiten la cerveza y el queso, porque mejor invoco la eutanasia y acabo con la miseria. Pero todo esto es normal, es parte de la vida: todo por servir se acaba. Lo que cansa no son las horas extra, las tormentas que convierten las calles en ríos por los que hay que pedalear a contracorriente, los cambios del cliente un viernes a las seis de la tarde o los berrinches de quienes no ganaron una beca del gobierno y tendrán que "seguir partiéndose el lomo", igual que millones de mexicanos que sobreviven con la mitad.

No cansa la certidumbre de que en este país hay más países que no conocemos: el que tiene policías comunitarias, prostitución infantil, casas de cartón, esclavos de fábricas, mujeres asesinadas. Y no nos olvidemos de aquel otro, el que tiene departamentos de lujo controlados por un sólo botón, desayunos con champaña, viajes "de impulso" al otro lado de un océano y Audis que quieren circular por el carril de bicicletas porque, cacha, así es México, wey. Que te digan que caes gorda al corregirle la ortografía a alguien más, y es que en el fondo sabes que si alguien no pone atención en eso, sospechas que en lo demás será igual de descuidado, valemadre y flojo, pero muy su pinche problema (pero seguirás corrigiendo, pues temes que si te pasa, nadie te lo diga, nunca).

Nop.

Lo que cansa es que esta generación tiene expectativas qué cumplir. La de mis padres tuvo una serie de reglas no menos agobiantes: toda la lista que Renton enumeraba empezó desde hace muchos años atrás, y la cargaron nuestro progenitores y todavía la arrastran nuestros hermanos mayores. ¿No me creen? Los reto a decirles que sus sobrinos no tienen que estudiar en una escuela privada, y así puede reducir su gasto, nomás para que vean el horror en sus ojos.

¿A nosotros? Ya no se nos exige poseer un coche, casa propia, matrimonio a la iglesia o que ocultes tu preferencia sexual —no que no haya discriminación. Eso todavía necesita más tiempo, junto a la violencia de género, el racismo, clasismo y otros ismos menos afortunados—, que vayas con corbata al trabajo o tengas una carrera con mil títulos. Eso ya es opcional. Lo que hoy se nos exige es ser felices.

Felices en Facebook, en Instagram, en Twitter, en nuestros boards de Pinterest, en los videos que nos toman para YouTube. Felices mientras hacemos maratón de Stranger Things, compramos boletos para la premiere de Suicide Squad o estamos por probar el siguiente platillo que nos llevará al hospital de tanta grasa (deliciosa, sensual y abundante grasa). Felices aunque vivas una semana cansada, aunque te acosen en la calle, aunque intenten atropellarte; aunque te critiquen por tener diez perros, no ser vegano, no usar Snapchat, no beber café orgánico-de-barrio-sustentable-gourmet; a pesar de que no tienes prestaciones, que los jefes no se saben tu nombre, que otros se paran el cuello con tu trabajo, que tu vecino le pega a su esposa, que tu hija no va a dejar al machito que le dice que sí la quiere pero primero debe terminar la terapia de pareja con su marida.

Feliz aunque el Internet falle cada cinco minutos y no puedas compartir ese GIF de gatitos.

¿Saben qué? Es extenuante. Si quiero estar triste, me pongo triste y lo disfruto. Porque la vida está hecha de todo, no sólo de lo que editamos y compartimos con extraños.

Hoy renuncio al feed perfecto y que se jodan los demás (y su ortografía).

Abril Ambriz Posas

Twitter: @ladyprovolone